PRIMER DÍA EN BERLÍN

Los nuestros no podían ser menos y ya antes de salir de nuestra querida Andalucía se había perdido un bolso. El viaje promete.

Más allá de este lapsus inicial, los veintitrés alumnos alumnas de Segundo de Bachillerato y los dos profesores han llegado sanos y salvo a la capital germana: Berlín.

Allí, tras acoplar maletas y demás enseres en un coqueto y céntrico hotel (de nombre impronunciable) han aprovechado la tarde para conocer el populoso barrio de Mitte. Famoso en el mundo entero por sus galerías de arte, su ajetreada vida cultural y la diversidad de sus gentes. ¡Y es que parados hemos quedado en algún que otro local de moda o de máscaras carnavalescas! Cuando no hablar de la Neue Synagoge y la historia judía que guarda este lugar.

Información de servicio público: la cena ha sido muy del agrado de nuestros chicos.

Y tras el posterior paseo nocturno en el centro cultural kulturbraveuere Berlín (ya advertimos que los nombres son impronunciables) A dormir, que mañana esperan largas caminatas.

 

 

BERLÍN, TOMA DOS.

Segundo día del viaje de estudios y, a pesar de lo dolorido de nuestros pies, una conclusión ya tenemos clara: merece la pena visitar Berlín.

La mañana comenzó en el Reichstag o Parlamento alemán. Numerosas fueron las fotos tomadas desde su impresionante cúpula de cristal, obra del afamado arquitecto Norman Foster. Aunque no las únicas. La Puerta de Brandeburgo nos esperaba.

Poco después el corazón se nos encogió al recordar el genocidio judío por parte del régimen nazi en el Monumento al Holocausto y en el Museo de la Topografía del Terror.

Pero ahí no quedó la lección de historia. Una parte de lo que queda del Muro de Berlín y el puesto fronterizo de Checkpoint Charlie nos devolvió a los años de la Guerra Fría y a la división de Berlín en dos mitades antagonistas ¡Si los padres del comunismo levantarán la cabeza y vieran como se mercadear con objetos de la antigua RDA!

Por último, rememoramos la época imperial a partir de la mirada fascinada de la estatua de Federico “el grande”, que preside lugares emblemáticos como la Ópera de Berlín o el Gendarmenmarkt.

Y mañana más, día de museos.

 

 

A BERLÍN HE VENIDO Y UN MCDONALD’S ME HE COMIDO (3 DÍA)

Día intenso a nivel museístico, ya que dos colecciones fueron visitadas: el Museo de Pėrgamo y el Neaue Museum. En el primero pudieron admirar obras como la puerta de Ishtar; en el segundo, el busto de Nefertiti no pudo resistirse (no les pidan una fotografía, su guardia pretoriana así lo impide)

Más tarde, descubrieron obras de la arquitectura comunista como Alexanderplatz, la Torre de Comunicaciones (que se ve desde gran parte de la ciudad y emblema del gobierno de la antigua RDA), el reloj astronómico o las Estatuas de Marx y Engels.

Pero no todo en la vida son museos y cultural. Nuestros chicos están practicando la lengua de Shakespeare a la hora de pedir una salchicha berlinesa (o un McMenú) o comprar un souvenirs para los familiares (que sí, que a pesar de la edad se acuerdan de sus “papis”), se están adaptando a los horarios europeos (así que, a partir del viernes a las siete y media de la tarde… ñam ñam) y a combatir el frío con todo aquello que les abrigue.

¡Y a por la recta final del viaje!

 

 

CUANDO EL FRÍO SE APODERA DE NUESTRO CUERPO Y OTROS ASUNTOS… (4 DÍA)

Cuando en un alarde de previsión uno, durante los días previos a un viaje, consulta las páginas meteorológicas y comprueba que en el destino elegido  las temperaturas  oscilan entre los 3 y los 4 bajo cero piensa que tiene que llevar ropa de abrigo. Si además el viaje es con alumnos, se siente la obligación de hacer comprender a los chicos que en su equipaje no  deben de faltar los jerseys, los guantes  y las bufandas. Pero, y a modo de ejemplo, cómo explicar que se dé una información básica al grupo (hora de salida, excursiones previstas, etc.) doce o catorce veces y algunos pregunten, minutos después, “profesor, ¿a qué hora salimos?”, “¿y hoy dónde vamos?”. Pues eso, “ajo y agua”, con el tema del frío lo mismo.

Así las cosas, tenemos a alguno que otro alumno y alumna con una frente un poco más caliente de lo normal. Pero nada preocupante ni descontrolado.

Por esta cuestión, nos hemos visto en la obligación de modificar el itinerario previsto para el cuarto día y dejar la excursión a Potsdam para la última jornada .

Durante la mañana nos dirigimos al Palacio de Charlottenburg, la antigua morada de verano de los reyes prusianos. Allí, pudimos admirar su arquitectura como los tesoros que guarda en su interior: colecciones de tapices, cerámicas y pinturas.

Tras un paseo por sus jardines donde pudimos admirar las “playas de Berlín” y una contundente comida, el grupo disfrutó de una tarde de compras por zonas populosa de la ciudad. Que sí, que algún regalito también ha caído…